BALANCE DE GESTIÓN 2007

 

 

Hacer balance del año 2007 requiere un difícil ejercicio de introspección que no por ello hemos de rehuir si queremos ser sinceros con nosotros mismos y con lo que la Mesa por el Agua representa en el conjunto de los colectivos sociales de la Algarbia y en el marco del asociacionismo en general.

 

Y es que hablar del año 2007 en Coín es tanto como hablar del día después de un acontecimiento que, sin duda, y el paso del tiempo lo irá confirmando, marcará un hito histórico en el devenir de lo que, al menos a nivel local, ya pude ser calificada como la sociedad civil organizada. A nadie se le oculta, desde luego, que ese hecho sin precedentes no es otro que la movilización social aglutinada en torno a la Coordinadora en Defensa de Río Grande que en el otoño de 2006 consiguió frenar un megaproyecto hidráulico cuya ejecución parecía inminente.

 

Hay que reconocer que todo el mundo estuvo entonces a la altura de las circunstancias: lo estuvo el pueblo, que acudió en masa a las manifestaciones y asambleas convocadas por la Coordinadora; cumplieron las autoridades municipales de los Ayuntamientos implicados que, aunque tarde, supieron reaccionar a tiempo apoyando las movilizaciones; y, por supuesto, respondieron como nunca los colectivos sociales, demostrando que había un rodaje previo y una maquinaria engrasada a lo largo de varios años de andadura.

 

En cualquier caso, y aún siendo cierto que se trató de un éxito colectivo, del pueblo y de la sociedad civil, hay algunos nombres propios que descollaron en toda esta historia y que resulta de justicia mencionar aunque solo sea por el agradecimiento que le debemos. Y si alguien merece, como nadie nuestro más sincero reconocimiento por la labor realizada, esa persona es, sin duda, Salvador Sánchez Urbano, “Zape”, Presidente de la asociación Jara, una rara avis, un personaje singular que ya era una referencia en el movimiento social de Coín y su comarca, y que desde un primer momento se echó a cuestas la ingente tarea de encauzar el rumbo de la Coordinadora, asumiendo su liderazgo y conduciéndonos a todos hasta el buen puerto en el que hoy se encuentra la defensa de Río Grande. Un hombre, en suma, del que bien cabe afirmar, parafraseando al poeta, que resulta imprescindible porque es de los que luchan toda la vida. Y junto a él, Juan González Martín, “Avión”, y Cristóbal Hevilla Ordóñez, dos pilares básicos  que supieron apuntalar la Coordinadora hasta el punto de convertirla en una nave sólida y consistente, como roca firme capeando el temporal.

 

Y, como no podía ser de otro modo, ahí estuvo también la Mesa por el Agua de Coín en todo momento, como parte constituyente y constitutiva de la Coordinadora en Defensa de Río Grande, tirando del carro o empujando y dando siempre todo lo que tenía: su experiencia, su labor de mediación, sus proyectos, la cobertura jurídica necesaria para afrontar las movilizaciones públicas, y, sobre todo, su capital humano, el tiempo, la energía y el esfuerzo de todos y cada uno de sus socios, que son nuestro mejor aval. Es por ello que, a la hora de hacer balance, y desde el poso que da el tiempo transcurrido, hemos de sentirnos orgullosos del papel que jugamos en la Coordinadora en Defensa de Río Grande, en la que, por lo demás, seguimos plenamente integrados.

 

Pero tras las bambalinas del éxito social obtenido por la Coordinadora en Defensa de Río Grande, soterrado por las luces de la notoriedad y la euforia colectiva, ahí seguía latente la otra gran amenaza que, desgraciadamente, aún pende como una espada de Damocles sobre el acuífero de Coín: el macroproyecto urbanístico de Matagallar, al que había que sumar los proyectos gemelos de La Mota y Barranco Blanco.

 

Tuvimos por tanto que replegarnos de nuevo a los cuarteles de invierno, al ostracismo, al trabajo callado y silencioso, sin relumbre ni gloria, que desde siempre nos había acompañado como inevitable compañero de viaje. Y todo ello con las huestes diezmadas, agotadas por la dura batalla de Río Grande y en un clima enrarecido donde no faltaron incomprensiones y desencuentros, los ecos incontrolables de una auténtica revolución social que a punto estuvo de ahogarnos. Y así hemos de reconocerlo abiertamente sin miedo a abrir heridas porque de ello depende la salud del movimiento social de Coín, que ya es, cuando menos, un referente comarcal. Sirva, pues, este ejercicio de sinceridad para que al menos el que suscribe asuma la responsabilidad que le toque y pida perdón a todos por los errores que haya podido cometer.

 

Desde esa difícil tesitura afrontamos la tarea de seguir luchando por la defensa del Nacimiento de Coín y su entorno, una joya natural dilapidada en aras de un desarrollismo depredador e insostenible. Recabamos nuevos informes jurídicos que se unieron a los ya elaborados en años anteriores, elevamos diversas instancias a Cuenca Mediterránea Andaluza, nos reunimos con las autoridades municipales ofreciéndoles la posibilidad de plantear estrategias comunes, y hasta intentamos influir en las elecciones municipales buscando el compromiso de los diversos partidos políticos que concurrieron a las mismas,  planteándoles la necesidad de consensuar un pacto por el agua. Los resultados obtenidos, la verdad sea dicha, no pueden ser calificados más que de irrisorios, puesto que apenas se nos tuvo en cuenta, no respondieron a muchas de nuestras instancias y, por supuesto, no llegamos a influir demasiado en el proceso electoral si tenemos en cuenta que tan solo Izquierda Unida firmó el escrito de compromiso que le hicimos llegar a todos los partidos políticos.

 

Asimismo, aprovechando la celebración del Día Mundial del Agua, también pusimos sobre la mesa otra verdad incómoda: el excesivo consumo de agua en Coín. Y como cabía esperar, apenas se nos oyó: a diferencia de lo que venía sucediendo con el problema de Río Grande, el pueblo prefirió esta vez cerrar los ojos y refugiarse en el Salón del Caballo.

 

En primavera se nos invitó a participar en la Fiesta de la Naranja y aceptamos, aún a riesgo de que se nos acusara de politización, porque entendimos que era una buena ocasión  para seguir lanzando muestro mensaje. No fue una decisión desacertada, montamos un puesto muy hermoso y bien surtido con productos de la huerta coineña, fuimos bien acogidos por quienes se acercaron a la Plaza y tuvimos la oportunidad de comprobar que mucha gente nos tenía aprecio.

 

Con el verano llegó la cosecha y montamos la Fiesta de la Trilla para grabar algunas de las imágenes previstas en el documental “Memoria visual de la Algarbia”. Fue todo un reto organizativo por la dificultad que entraña la recreación de escenas que ya son parte del pasado, pero creo que salimos airosos de la prueba si tenemos en cuenta el resultado final y el número de personas que logramos convocar en una era en mitad de la Jara. De hecho, no sólo grabamos las imágenes que necesitábamos, sino que las mismas tuvieron una amplia difusión en Canal Coín TV y a través de su inclusión en un documental elaborado por la Cerámica las Vistillas. En esa inolvidable jornada estival nació además la propuesta que se nos hizo desde el Ayuntamiento de Alozaina de convertir aquel evento en una fiesta popular institucionalizada, propuesta que valoramos muy positivamente y sobre la que estamos trabajando desde entonces.

 

Por lo demás, a todo lo largo del año 2007 se fue gestando la exposición “Matagallar en la mira”, aceptamos la propuesta que desde Madrid nos hizo Red Creativa para organizar una muestra documental sobre consumo responsable y reforzamos nuestros lazos con la Plataforma en Defensa del Territorio de Alhaurín (PECTA), colaborando en muchas de sus actuaciones en defensa de La Mota y Barranco Blanco.

 

El ejercicio 2007 fue también el año de la renovación de la Junta Directiva, lo que de alguna manera venía a reflejar el anhelo de continuidad de un colectivo nacido en unas circunstancias muy difíciles y con el marchamo, como si de un estigma se tratara, de estar politizado por el mero hecho de querer influir en la toma de decisiones políticas del gobierno de turno, como si no fuere ese, precisamente, el objetivo último de toda asociación que aspire a transformar una realidad manifiestamente mejorable.

 

Y es que tampoco debemos ocultar este aspecto porque si bien es verdad que dicho marchamo podía estar justificado por el hecho de que nuestro anterior presidente, Francisco José Enríquez Llagas, era a la vez coordinador local de una formación política (IU), no es menos cierto que desde un primer momento, en una decisión que le honra, renunció a la presidencia de la Mesa por el Agua para evitar suspicacias. Sin embargo, nadie le aceptó su renuncia porque nadie se atrevió a asumir su tarea al frente de este colectivo o quizá porque nadie se atrevió a sustituirle, lo que le forzó, en un delicado ejercicio de desdoblamiento y con un desgaste personal manifiesto, a continuar ejerciendo su labor como presidente de la Mesa por el Agua para que la misma pudiera seguir viva.

 

Un esfuerzo encomiable que dice mucho de la honestidad de un hombre como Francisco José Enríquez LLagas con una larguísima trayectoria en el movimiento asociativo de la provincia de Málaga. Y es que no sólo la Mesa por el Agua de Coín se lo debe todo, puesto que sin él no existiría, sino que también le debe mucho la Asociación Jara, de la que fue un pilar esencial durante años, y la Coordinadora en Defensa de Río Grande, por su trabajo en la sombra para no herir susceptibilidades, y el colectivo Málaga no se Vende, donde sigue participando de forma activa, y la Red Andaluza en Defensa del Territorio, y un largo etcétera, porque estaba y sigue estando en todos los frentes, infatigable, inasequible al desaliento.

 

Es por eso que su opción, arriesgada y valiente, de dar el salto a la política, nos dejó a todos un poco huérfanos, pero lo que el movimiento asociativo perdió con esa decisión, absolutamente legítima en todo caso, lo va a ganar la política en dignidad, porque podrá cometer errores como cualquiera, podrá equivocarse mil y una veces en una actividad de la que sólo obtendrá sinsabores, pero su integridad está fuera de toda discusión. Y el que suscribe puede dar fe de ello. De hecho, ahí sigue, pese a todo, con nosotros, segando como un jornalero o en la plancha de una barra. Como uno más, sin ínfulas de ningún tipo, haciendo que este colectivo social pueda sentirse orgulloso de contar entre sus filas con un concejal electo.

 

En cualquier caso, para evitar situaciones similares, la Asamblea de la Mesa por el Agua decidió nombrar una nueva Junta Directiva en la que ninguno de sus miembros tuviera, a la vez, algún tipo de vinculación orgánica con un partido político. Pero como ni aún así hemos podido evitar la acusación, entre comillas, de politización, conviene advertir una vez más, para todo el que quiera oírlo, que este colectivo es, ante todo, plural, está abierto a todo tipo de personas, tengan la ideología que tengan, militen o no en un partido político, puesto que somos conscientes de que todo puede ser defendido desde muy diversos ángulos. Nuestro objetivo no es, pues, dividir, sino contribuir a la vertebración de la sociedad civil, a la creación de células sociales que reduzcan la distancia entre los gobernantes y los gobernados.

 

Ahora bien, tampoco conviene engañarnos, el hecho de que no seamos partidistas no quiere decir que no tengamos intención de influir en la política, entendida ésta en su más amplio y noble sentido de gestión de la res pública, de los asuntos públicos, tarea ésta a la que todos los ciudadanos responsables estamos llamados a participar de forma activa, mediante fórmulas de participación social que vayan más allá del mero hecho de ejercer su derecho al voto cada cierto tiempo.

 

Por lo demás, también debemos indicar, para ir acabando este balance de un año agitado, que hemos renovado nuestra página web, labor que hemos de agradecer a Manu Solano, y que hemos venido trabajando en la tarea, ya iniciada en la etapa anterior, de ir poniendo al día el libro de socios y el libro de actas, así como de ajustar nuestra contabilidad interna al Plan General de Contabilidad, tal como exige la legalidad vigente. 

 

Y en cuanto a las perspectivas de futuro, la verdad es que aún estando todo en el aire, estamos realmente ilusionados porque, pase lo que pase, la Mesa por el Agua ha venido siendo la excusa perfecta para conocernos, para hacer trabajo en equipo, para crear un colectivo de personas comprometidas, para que mucha gente exprese libremente lo bueno que lleva dentro. No sabemos a donde puede llevarnos toda esa energía, pero, por lo pronto, ya estamos cerca de ese foro social que un día nos propusimos ser, de ese punto de encuentro en el que el arte y la cultura se dan la mano para construir un mundo más sostenible y mejor.